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Buscando un guardián para la nube

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El espionaje masivo e internacional de la agencia estadounidense NSA ha evidenciado la inseguridad en las comunicaciones. / GETTY

  • Para el ciudadano medio, el problema no es tanto quién le espía sino a quién cede datos voluntariamente. Hay dudas sobre quién y cómo debe gestionar nuestra información privada

Javier Martín Madrid 14 NOV 2013 - 00:17 CET


Espías los ha habido siempre, y cajas fuertes en casa, también; lo novedoso es confiar todos nuestros datos, nuestras claves, nuestras fotos y las de amigos y familiares a alguien que no conocemos ni sabemos dónde está. Es la nube, el cloud computing, un ente como de Star Trek, pero que no es tan anónimo ni tan inmaculado como se creía. Alguien tiene acceso a todos esos contenidos, y no es, precisamente, su propietario.

El espionaje masivo e internacional de la agencia norteamericana NSA ha sacado a la luz la inseguridad de las comunicaciones de los ciudadanos —entre ellos, algunos destacados gobernantes—, pero también la inseguridad de las grandes empresas de Internet, de Microsoft a Google, de las redes sociales, como Facebook o Twitter, y de sitios comerciales, como Amazon o Apple Store.

“Hace 27 años usábamos otras redes. En España, RedIris. En 1994 la web comenzó a llegar a empresas y particulares. Fue entonces cuando percibimos que Internet no tenía fronteras”, rememora Víctor Castelo, responsable de Comunicaciones y Seguridad de la Secretaría General Adjunta de Informática del CSIC.

Castelo, con Juan Antonio Orgaz, Andreu Veà y David Hernández, participó el martes en Madrid en el V Foro de Industrias Culturales organizado por la Fundación Santillana y la Fundación Alternativas, en un debate dedicado a Cloud computing, ¿Apocalípticos o integrados digitales?

“La nube es todo, pero hay niveles”, dice Castelo. “Hay que intentar que las plataformas donde se desarrollan las aplicaciones, como Gmail o Skype, sean lo más abiertas e interoperables posible, que funcionen en diferentes aparatos y evitar que se conviertan en monopolios”. A diferencia de otros productos de los mercados físicos, los negocios de Internet, quizás por el carácter misterioso que da la intangibilidad, cuando triunfan tienden a convertirse en monopolios. “Hay que intentar que (estos productos y servicios) se abran, que haya alternativas, que no seamos esclavos de los servicios de éxito”, pide Castelo.

Según el estudio de Cisco sobre Tráfico en la Nube 2012-17, en ese tiempo las personas multiplicarán por 10 el almacenamiento en la nube de su música, fotos o vídeos, impulsadas por la proliferación de los aparatos móviles y la facilidad y el bajo precio del almacén.

El tráfico en la nube es una explosión, con crecimientos anuales del 35%. En cuatro años será casi cinco veces mayor que el actual, según las proyecciones de Cisco, empresa dedicada a las infraestructuras de Internet. El tráfico en la nube será ya dos tercios del total de Internet en 2017, y afectará tanto al consumo individual (crecimientos anuales del 36%) como a las empresas (crecimientos del 31%).

“La nube abarca un gran número de servicios, desde el correo de Gmail a un servidor deslocalizado en cualquier lugar del mundo”, explica Juan Antonio Orgaz, asesor jurídico de Canal+ . “La nube es el acceso a cualquier servicio digital de manera flexible, con recursos compartidos, de rápida elasticidad y demanda ajustable. Se puede alquilar o subcontratar”.

“Gmail es una nube abierta”, explica Orgaz. “Si hay un ciberataque no discrimina. Si hay un cuello de botella, tampoco. Es un servicio cuyos términos no se leen casi nunca, pero se le está dando permiso para leer el contenido a cambio de incluir publicidad”.

La rápida adopción del tráfico en la nube se debe al poder de sus promotores (de Amazon a Microsoft), a la adopción y migración de las arquitecturas informáticas y a la capacidad de los centros de datos en la nube para manejar cargas de tráfico significativamente mayores. Centros de datos en la nube apoyan el aumento de virtualización, estandarización y automatización. Estos factores conducen a una mayor eficiencia.

“En investigación se va hacia las nubes federadas; es un modelo híbrido pero con cifrado”, explica Castelo, del CSIC. “Si alguien te quiere fastidiar, en la nube, hay riesgo. Así que siempre hay que tener la documentación en al menos dos sitios”.

La consultora Gartner también prevé que esa doble característica de la nube —su facilidad de acceso, pero, a la vez, la complejidad del sistema— abone una rápida externalización del servicio de las Administraciones o servicios públicos a servidores ajenos en detrimento de los propios. Y por tal no se entiende el álbum de boda, sino tu historial clínico. La nube es el último eslabón para el análisis de datos, el big data.

“El genuino poseedor de la llave tendría que ser público”, aboga David Hernández Montesinos, consultor de desarrollo cultural y comunicación. “No todo el mundo se puede permitir una nube personal, pero debería ser la línea a seguir. Pronto habrá servicios asequibles que ofrezcan cierta seguridad”.

Directivos de Microsoft, Facebook y Google negaron con su máxima rotundidad haber colaborado con labores de espionaje ante una escéptica Eurocámara. Juraron una y otra vez que ellos no dejan espiar a los Gobiernos para acceder a datos personales de sus clientes a través de sus servidores por la puerta de atrás.

Las empresas tecnológicas reclaman más transparencia a las Administraciones para poder publicar las peticiones de datos personales, pues se sienten tan víctimas como sus propios clientes. No se enteran cuando les espían, como han demostrado las revelaciones de Snowden.

“No hay puerta de atrás. Punto final”, aseguró la vicepresidenta de Microsoft responsable de Asuntos Legales y Corporativos para Europa, Dorothee Belz, durante su comparecencia ante la Comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos del Interior de la Eurocámara.

En los últimos seis meses, Microsoft recibió entre 6.000 y 7.000 órdenes y citaciones de las autoridades estadounidenses para recabar datos de sus clientes, según Belz. En el primer semestre de 2013 han rechazado 911 solicitudes por falta de base jurídica. “En casi el 20% de las solicitudes no entregamos nada”, aseguró.

No menos firme fue su colega de Google, Nicklas Lundblad: “No damos acceso ni directo ni indirecto ni sin control. Solo hay requisitos legales de Gobiernos que son examinados y escrutados caso por caso”, recalcó el ejecutivo de Google antes de pronunciar un casi patético: “Os estamos diciendo la verdad”.

Cada seis meses Google, Apple y Microsoft publican su llamado Informe de Transparencia, donde dan cuenta de las solicitudes que les hacen jueces y policías sobre datos de usuarios. Sin embargo, están obligados a callar, por imperativo de la Ley Patriot, si hay solicitudes de los servicios de inteligencia de EE UU. Así que la transparencia es relativa.

En la misma Eurocámara, Richard Allan, de Facebook, recordó que solo el 1% de los dueños de cuentas fueron objeto de “algún tipo de requerimientos por los Gobiernos” el año pasado.

Estas empresas encabezan una petición al Congreso de los Estados Unidos para que haya un control parlamentario de las solicitudes de las agencias de inteligencia y para que solo se puedan requerir “en base a una autorización judicial”.

No mienten como bellacos, simplemente son tan víctimas del espionaje como cualquiera. Gracias a Snowden se ha sabido que la NSA les cogía datos sin que ellas se enterasen; pero eso no sirve de consuelo, sino que aún preocupa más a unos ciudadanos que han confiado claves y recuerdos o la declaración de la renta a las nubes de Google, Apple o Microsoft.

Jimmy Wales, promotor de Wikipedia, la enciclopedia creada por los internautas, ve las peligrosas consecuencias derivadas del espionaje masivo, global y hasta compulsivo. “La gente va a tener miedo de poner los datos en empresas de Estados Unidos, pero también es devastadora para el tipo de trabajo que hago”, ha declarado recientemente. “Si usted es BMW, probablemente no va a confiar más en colocar sus datos en los EE UU”.

Y, una vez más, Estados Unidos se quedará sin argumentos para exigir a otros respeto a las libertades civiles. “Dan a los chinos excusas para ser tan malos como lo han sido ellos... Es realmente vergonzoso”, explicaba la semana pasada, en Noruega, un consternado Wales. “Es un problema enorme, un enorme peligro”.

La alarma de Wales es la de mucha gente y, sobre todo, de algunos gobernantes, que pueden hacer algo por evitar ser espiados. Es el caso de India, Rusia y, principalmente, Brasil, que en estos días tramita la Ley del Marco Civil de Internet.

No se trata de vigilar a los malos, sino de descubrir negocios, inventos, acuerdos, y copiarlos o torpedearlos. Más espionaje industrial que criminal, de lo contrario no se entendería el espionaje de las comunicaciones de la alemana Angela Merkel o de la presidenta de Brasil.

Dilma Rousseff, además de reaccionar con desplante al mismo Obama, promueve la nube local, el almacenamiento en servidores nacionales de todos los datos de ciudadanos brasileños, estén en empresas locales o internacionales, es decir, Google, Apple, Microsoft, Amazon, Facebook, Twitter…

La propuesta tiene que ser aprobada en el Parlamento brasileño, aunque ya se han levantado voces en contra, advirtiendo del gasto “inasumible” que les supondría a las multinacionales de Internet. Pero Brasil —o India o Rusia o China, que promueven iniciativas similares— es tan fuerte que deberán adaptarse a la legislación, como lo ha hecho Microsoft en China (aunque no Google, que prefirió llevar las oficinas a Hong Kong) o BlackBerry en India. Brasil es, tras Estados Unidos, el segundo país por número de abonados a Facebook y a Twitter.

Glenn Greenwald, el periodista que publicó las revelaciones de Snowden, reside ahora en ese país y no le sorprende la reacción de la presidenta ante las actividades de la NSA: “Creo que muchos países comenzarán a tomar medidas para no ser tan dependientes de la infraestructura norteamericana”, en una entrevista a The Guardian, donde trabajó hasta hace un mes.

“La Administración también tiene su responsabilidad”, apuntaba Orgaz en el debate Apocalípticos o integrados digitales. “¿Por qué Europa no puede competir con servicios como los que se tienen en EE UU? Al menos, que sirvan para garantizar servicios a empresas. No puede ser que no seamos capaces de reaccionar ante el espionaje gubernamental. Hay que ejercer la ciudadanía”.

Fuente: El País.

Internet y su contaminante nube de efecto invernadero

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Imagen de un centro de datos
Imagen de un centro de datos. | A. Heredia

  • Su infraestructura demanda un 2% de la electricidad consumida en el planeta
Las energías renovables y un uso más eficiente de los centros de datos se ha convertido en una necesidad del sector tecnológico para frenar la contaminación que genera la nube, ese lugar etéreo en el que existe Internet y que en el mundo real es un emisor de gases de efecto invernadero.

La infraestructura que sustenta la Red demanda un 2% de la electricidad consumida en el planeta, según un estudio de la Universidad de Berkeley, y la organización ecologista Greepeace alerta de que la expansión de lo 'online' no es gratuita, al menos en términos medioambientales.

En su informe de 2012 '¿Cómo de limpia es tu nube?', Greenpeace indicó que Apple obtiene más de un 55% de la energía que utiliza de combustibles fósiles, porcentaje que duplica el de Google (28%) y es notablemente superior al de Microsoft y Facebook (39%).

La sospecha de que Apple estaba jugando sucio hizo que sus ejecutivos respondieran de forma tajante a los ecologistas, a los que acusaron de ser poco rigurosos con su investigación al tiempo que insistieron en que su centro de datos de Oregón funciona únicamente con energía renovable.

Conciencia medioambiental

La conciencia medioambiental está presente en la responsabilidad social corporativa de las grandes empresas de Silicon Valey. Recientemente Google y Facebook anunciaron sendos centros de datos sostenibles, ambos en el norte de Europa.

La empresa del buscador de internet y el sistema operativo Android se comprometió a financiar la construcción de una planta de energía eólica en Suecia cuya producción irá destinada durante 10 años a permitir el funcionamiento de un centro de datos de Google en Finlandia.

En el norte de Suecia, cerca de Finlandia, Facebook estrenó en junio "uno de los centros de datos más eficientes y sostenibles del mundo", según publicó en un comunicado. La instalación de la red social se alimenta de energía hidroeléctrica.

Los países nórdicos europeos se han convertido en uno de los destinos más populares para la implantación de centros de datos dadas sus condiciones climáticas.

El aire frío proveniente de regiones polares se utiliza como refrigerante natural para enfriar los miles de ordenadores conectados en red y permanentemente encendidos que realizan las operaciones de los usuarios en la nube, desde enviar correos electrónicos, hasta reproducir vídeos o almacenar archivos.

Pero el desafío de los centros de datos, más allá de evitar que se calienten sus procesadores, es de gestión.

Eficiencia energética

Un análisis sobre eficiencia energética encargado a la consultora McKinsey & Company por el diario The New York Times concluyó que sólo entre un 6% y un 12% de la electricidad gastada por los centros de datos se empleaba en operaciones de computación, el resto se perdía en mantener los aparatos encendidos por si acaso.

Las compañías tienen sus equipos funcionando aunque no estén realizando un trabajo para que estén listos por si surgiera alguna subida repentina de actividad en la red.

Un simposio organizado por Google el 6 de junio con el título de '¿Cómo de 'verde' es Internet?' constató el despilfarro energético inherente al crecimiento del uso de la red donde ninguna empresa quiere ver cómo su servidor deja de funcionar por un fallo eléctrico o por falta de capacidad para afrontar una mayor demanda de uso.

En ese camino hacia la eficiencia se originará, según los expertos, una concentración de los centros de datos que serán más grandes y más prácticos desde el punto de vista energético al funcionar como una economía de escala.

En la conferencia IEEE de este año en Denver (Colorado) sobre tecnologías limpias Microsoft apuntó otra fórmula para controlar cómo su estudio del comportamiento del mercado de la electricidad les había permitido optimizar el uso de sus centros de datos.

"Este análisis nos puede ayudar a determinar el mejor momento para realizar la computación que consume más energía, de esta forma podemos retrasarla a momentos en los que el sistema eléctrico esté siendo alimentado por fuentes renovables", explicó Josh Henretig, responsable de Estrategia de Medioambiental de Microsoft.
 Fuente: El Mundo.

Ojo con lo que subes a Google Drive... y en general a la 'nube'

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Os acercamos esta noticia en relación al Derecho de Internet que estudiamos en el Máster en Derecho de Internet y Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones del Instituto Europeo Campus Stellae.

 

  • Cuando subimos archivos a la Red ¿cuántos derechos sobre ellos 'cedemos'?.
  • Con 'nube' o sin 'nube', conviene hacer 'backups' fuera de Internet.

Pablo Romero | Madrid

El lanzamiento de Google Drive, el 'disco duro virtual' del gigante de Internet, vuelve a poner de manifiesto los posibles riesgos legales de almacenar archivos en Internet, en la llamada 'nube'. ¿Qué pasa con los derechos sobre nuestro material?

Esta pregunta se la han hecho en el sitio web especializado The Verge. En todos los servicios de almacenamiento en red, como Google Drive, Dropbox o Skydrive, de Microsoft, el usuario mantiene los derechos sobre su material salvo en algunas ocasiones, que cede derechos de uso, modificación, reproducción y distribución del material sobre todo para 'garantizar' el funcionamiento del servicio.

Esta cesión de derechos se produce con la aceptación de las condiciones de uso de los servicios, algo que sucede con el mero hecho de darse de alta en los mismos. En España, la Ley de Propiedad Intelectual establece que para ceder derechos de autor 'inter vivos' es necesario el consentimiento escrito (artículos 43 y siguientes).

"El problema", comenta Carlos Sánchez Almeida, abogado especializado en tecnología y autor del blog Jaque perpetuo, "es que la aceptación se realiza mediante un simple clic, pocos se leen las condiciones de servicio y esto puede generar indefensión al autor".

Condiciones de Google

Así, el recién estrenado Google Drive se acoge a las condiciones generales de Google, bastante generosas a la hora de delimitar la licencia que el usuario concede al gigante de la Red sobre su propio material (vídeos, fotos, textos...).

Las condiciones del servicio de Google dicen, literalmente: "Algunos de nuestros servicios te permiten enviar contenido. Si lo haces, seguirás siendo el titular de los derechos de propiedad intelectual que tengas sobre ese contenido. En pocas palabras, lo que te pertenece, tuyo es". Queda claro que uno retiene la propiedad intelectual de lo que suba.

Sin embargo, al subir contenido a sus servidores "concedes a Google (y a sus colaboradores) una licencia mundial para usar, alojar, almacenar, reproducir, modificar, crear obras derivadas (...), comunicar, publicar, ejecutar o mostrar públicamente y distribuir dicho contenido". "Google", puntualiza, "usará los derechos que le confiere esta licencia únicamente con el fin de proporcionar, promocionar y mejorar los Servicios y de desarrollar servicios nuevos".

En este caso, puntualiza Almeida, lo que plantea el gigante de Internet es "casi un contrato de edición encubierto en forma de términos de uso", por lo que "con arreglo a la legislación de consumo en España se deberia de tomar estas cláusulas como no puestas".

Mientras, la compañía insiste en que "no reclamama la propiedad o control sobre el contenido que el usuario almacena en Google Drive", según una nota, en la que vuelve a defender sus condiciones de uso. "Aconsejamos leer en su totalidad nuestros términos de uso", insiste. "En ellos se especifica que los usuarios que deciden compartir sus archivos con otros, previamente nos han dado el permiso para mostrar esos archivos a otros y gracias a ese permiso nosotros podemos dar la ayuda técnica (alojamiento, almacenamiento, traducción, etc.) y el formato adecuado, en función de las distintas pantallas donde se vayan a mostrar esos archivos", puntualiza.

Otros servicios en la 'nube'

Dropbox es quizá más específico a la hora de subrayar que uno tiene todos los derechos sobre lo que sube a sus servidores. "Usted conservará la plena propiedad de sus pertenencias, no nos atribuimos la propiedad de ninguna de ellas", afirma en sus condiciones de uso. "Las presentes Condiciones no nos otorgan ningún derecho sobre sus pertenencias ni ninguna propiedad intelectual, con excepción de los derechos limitados que son necesarios para administrar los servicios".

Este servicio estima que "es posible que necesite autorización para realizar las actividades que el usuario solicite con sus pertenencias, por ejemplo, alojar sus archivos o bien compartirlos a su criterio", tales como vistas previas de documentos o copias de seguridad. Y este permiso se extiende "a terceros de confianza" a los que subcontratan espacio de almacenamiento, como Amazon. Estas excepciones se mencionan específicamente.

Por su parte, Skydrive de Microsoft también respeta los derechos de autor del material que los particulares suben a la 'nube', con similares excepciones. "Microsoft no reclama la propiedad del contenido que usted proporcione en el servicio, excepto de aquél cuya licencia le haya concedido. El contenido seguirá siendo de su propiedad", se puede leer en las condiciones de servicio de Microsoft.

Asimismo, añade que el usuario "entiende que Microsoft puede necesitar usar, modificar, adaptar, reproducir, distribuir y mostrar contenido publicado en el servicio exclusivamente hasta el límite necesario para prestar el servicio, y por la presente concede a Microsoft estos derechos".

Box tiene unas condiciones de uso similares. "Al registrarse para utilizar los servicios", se puede leer en el texto, "usted entiende y reconoce que Box y sus contratas mantienen una licencia irrevocable, libre de 'royalties', aplicable globalmente, para utilizar, copiar y mostrar públicamente el contenido con el único propósito de proporcionar a los servicios para los que tiene registrado", aunque el usuario "sigue manteniendo todos los derechos de propiedad sobre cualquier contenido que proporcione".

Otros servicios de almacenamiento remoto de datos, como Rapidshare o Minus ni siquiera recogen en sus condiciones de uso apartado alguno sobre los derechos de propiedad de los contenidos, lo que se entiende como que el propietario los conserva todos y no está obligado a ceder ninguno por defecto.

En cualquier caso, Almeida cree que el consejo más efectivo para evitar futuros problemas de propiedad es la realización de 'backups' o copias de seguridad fuera de la Red.

Fuente: El Mundo.