3 de agosto de 2015

El ‘contactless’ y el pago por internet: el peligro del fraude

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El ‘contactless’ y el pago por internet: el peligro del fraude 
  • Francia encabeza la lista de países con más fraude
  • En España los mayores casos problemáticos se dan con los pagos sin tarjetas

Clara López García / Tania Martínez-Raposo


Con sistemas cada vez más sofisticados, el fraude evoluciona a la par que los medios de pago. Fico, líder en soluciones de analítica, ha realizado un informe sobre el fraude en Europa, en el que muestra cómo España sigue otro camino comparado al de sus vecinos europeos. Concretamente uno en el que las falsificaciones prevalecen sobre los engaños en los pagos online.

Fico, afincada en California, presentó recientemente un informe con datos de 19 países donde se muestra un aumento del fraude del 6% en 2014. A nivel europeo, el más común fue el que afecta a transacciones en la que no es necesario mostrar físicamente la tarjeta, como ocurre con los pagos online. Este tipo de fraude supuso el 70% de los casos en 2014, frente al 10% de 2006, con especial incidencia en los pagos realizados a compañías de un país con tarjetas procedentes de otro.

Francia encabeza la lista de países con más fraude, seguido de Grecia y Reino Unido, este último con una elevada tasa de engaños basados en transacciones sin tarjeta (70%), ya que cuenta con uno de los mercados online más desarrollados de Europa. España, sin embargo, se aleja de estos patrones. La falsificación (65%) y el robo o pérdida de tarjetas (22%) son las principales causas de pérdidas para los bancos, mientras que las transacciones sin tarjeta son mínimas (4%).

Tecnología contactless

Las tarjetas contactless se han visto impulsadas en los últimos años, con una muy buena acogida de los europeos. Según datos del informe de Mastercard, el gasto con contactless aumentó en Europa un 174% en términos interanuales en el último trimestre de 2014 y la aceptación de este tipo de pago creció un 56%, hasta los 3 millones de comercios.

El auge de las tecnologías afecta al proceso de compra, según Paloma Real, de Mastercard España, ya que cualquier dispositivo conectado puede convertirse en un medio de compra, por ello, “es necesario trasladar los estándares de seguridad y autenticación del mundo físico al mundo digital para permitir una experiencia de compra más segura”.

Un avance que puede ser peligroso. La información contenida en nuestra tarjeta, sumada a la tecnología de los nuevos DNI 3.0, la actualización del documento de identidad, hace que nuestra información sea más vulnerable de ser registrada sin necesidad de introducir un código. La duplicación, fraude o, incluso, robo de identidad para acceder a las cuentas puede resultar más fácil a través de la tecnología contactless.

Desde OCU alertan de que “las posibilidades de uso fraudulento son mayores, ya que no se establece ninguna medida de seguridad adicional”, por lo que, “el resultado es que cualquiera podría realizar compras de importe inferior a 20 euros con una tarjeta, un teléfono o cualquier otro soporte (puede ser una simple pegatina con el chip) robado o perdido”, explica Ileana Izverniceanu.
 
FUENTE: Cinco días. 
 
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28 de julio de 2015

5 preguntas básicas sobre Windows 10

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  • Las cinco preguntas más habituales de los usuarios ante el lanzamiento del nuevo sistema operativo de Microsoft

Ramón Peco 27 JUL 2015 - 19:21 CEST

¿Es gratuito?

Windows 10 no es gratuito para todos los usuarios. Es posible actualizarlo de forma gratuita durante el primer año si ya se cuenta con una licencia de Windows 7 o Windows 8. También podrán usarlo de forma gratuita todos los que se han descargado la versión para desarrolladores, que se actualizará a la versión definitiva del sistema el 29 de julio. De lo contrario hay que comprar una licencia. El precio de la versión básica es de 119 euros.

¿Cómo lo instalo?

Es sencillo. Será preciso tener instaladas todas las últimas actualizaciones de Windows 7, Windows 8 o la versión para desarrolladores de Windows 10 para que Microsoft nos de la opción de actualizar a la versión final de Windows 10. Esta operación podrá realizarse manteniendo la misma configuración que ya tenemos en el ordenador. En el caso de que compremos una copia del sistema estas se podrán obtener descargándolas desde la tienda de Microsoft o en DVD y memorias USB.

¿Funcionará bien en mi ordenador?

La mayoría de equipos lanzados en los últimos años pueden cargar Windows 10. Si el ordenador o tableta cumple los requisitos técnicos podrá actualizarse a Windows 10 pero, atención, es probable que no existan aún controladores de software (drivers) para todos los componentes de hardware del dispositivo el 29 de julio. Para asegurarlo, conviene visitar la web del fabricante del PC o tableta y comprobar si el equipo podrá estar plenamente operativo desde el primer día. Aunque también es posible que como en ocasiones anteriores Microsoft lance un asistente de actualización que haga un chequeo al dispositivo y nos diga si es posible actualizar. En esta guía creada por Microsoft se aclaran casi todas las dudas.

¿Son compatibles los programas con las tabletas?

Siempre que la configuración de hardware del dispositivo permita usar Windows 10, sí. Esto excluye por ejemplo a las Surface RT. Eso sí, la experiencia de uso puede ser muy pobre en las aplicaciones pensadas para ser manejadas con ratón si no lo utilizamos (o un puntero táctil muy preciso).

¿Qué pasará con los teléfonos con Windows Phone?

La inmensa mayoría de los teléfonos que utilizan Windows Phone 8 podrán actualizarse a Windows 10. Esta la lista publicada por Microsoft para los que han instalado una versión beta del sistema es una buena referencia de los que podrán actualizarse. Aunque no todos gozarán de las mismas funciones. Por ejemplo, la posibilidad de cargar desde el teléfono una versión del sistema de escritorio al conectarlo a un monitor solo estará disponible en terminales que aún no han salido a la venta. Por otra parte, habrá que esperar un poco más para obtener la versión de Windows 10 para móviles.
 
FUENTE: El País. 
 
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23 de julio de 2015

Un nuevo sistema logra cargar baterías a través de la wifi

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  • Investigadores de EE UU presentan un prototipo que alimenta pequeños dispositivos

José Manuel Abad Liñán Madrid 22 JUL 2015 - 15:17 CEST

Nikola Tesla sentía aversión por los cables. Imaginó y trabajó por un mundo en el que no fueran necesarios ni para comunicarse ni para transmitir la energía. La primera parte de su sueño se ha cumplido con creces: ahí están la radio, la televisión, la telefonía móvil y las redes wifi para demostrarlo. La segunda parte se ha hecho más de rogar, pero empieza a dar satisfacciones en forma de alfombrillas que recargan móviles y sistemas que se alimentan de las ondas de la televisión o el móvil.

El siguiente avance en la energía sin cables se ha logrado, curiosamente, gracias a un sistema concebido para la comunicación: la wifi que utilizan la mayoría de los hogares. Un equipo de investigadores de la Universidad de Washington en Seattle (EE UU) ha utilizado un router para cargar a distancia baterías. De momento han conseguido alimentar dispositivos como los que utilizan pequeños electrodomésticos y mandos a distancia (las pilas de níquel-metal hidruro) y las pilas de botón de los relojes (pequeñas baterías de ion de litio). La revista MIT Technological Review recoge en un artículo el estudio, con un título ambicioso: "Alimentar los próximos miles de millones de dispositivos con la wifi" .

El sistema presentado se denomina PoWiFi (acrónimo inglés de "alimentación a través de wifi") y funciona a distancias de hasta 8,5 metros. Para lograrlo, los investigadores crearon un sistema que recolecta la energía de la wifi y la suministra de manera continua a las baterías.

Los investigadores presumen de que su logro resulta compatible con el uso habitual de la wifi y de que "no compromete significativamente su rendimiento" para conectar dispositivos a la Red y entre sí. Sin embargo, para el profesor de Radiocomunicaciones de la Universidad Politécnica de Madrid, José Manuel Riera, esto solo sería posible en "casas aisladas y distantes unas de otras", como las de las zonas residenciales de Estados Unidos, no tanto en los apartamentos y pisos en los que viven muchos europeos, por las interferencias de la conexión con las de los vecinos. "Cuando no estamos usando Internet, nuestro router solo utiliza un 1% del tiempo de transmisión. Son desconexiones de milésimas de segundo que aprovechan otras redes inalámbricas para transmitir", explica Riera. El uso para suministrar energía, en cambio, exige que el router transmita energía de forma continua. "En un entorno de mucho uso, como una universidad o una empresa, no se podría aplicar", ilustra el profesor.

A diferencia de los dispositivos que utilizan las frecuencias de televisión y telefonía móvil, este sistema trabaja con frecuencias de la banda ISMC (en la que se incluye la wifi, pero también Bluetooth y ZigBee). La legislación de EE UU y Europa no limita su uso a las comunicaciones y por tanto, también podría usarse para alimentar pequeños dispositivos, según los autores.

Sin embargo, las limitaciones de potencia en Europa (100 milivatios) y EEUU (hasta un vatio, en determinadas condiciones) quedan muy lejos de la necesaria para cargar un teléfono inteligente. Un smartphone precisa 4 o 5 voltios. Para cargar su batería por este sistema, tendría que emitir una potencia un millón de veces mayor.

Además, las ondas que emite un router se difunden en todas direcciones (es precisamente esa cualidad la que permite utilizarlas para conectar dispositivos ubicados en diversos lugares de una casa), pero esa dispersión juega en contra de la potencia que son capaces de transmitir.

A pesar del inconveniente, en opinión del catedrático de Ingeniería Electrónica de la Universidad Politécnica de Valencia, José Sánchez-Dehesa, la investigación supone "un avance significativo" para mantener alimentados todo tipo de sensores de bajo consumo, como los que se emplean en domótica y en otras aplicaciones del Internet de las cosas. De hecho, el estudio se completa con dos nuevos dispositivos —una cámara y un sensor de temperatura— que se alimentan perfectamente a través del nuevo sistema. En la casa de Tesla habrían encajado bien.

FUENTE: El País. 

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